miércoles , 17 octubre 2018
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“Te cambio de AFP por unas lucas” – Ésta, y otras cuestionables prácticas de los vendedores de AFP.

Gabriel comenta que aún no salía la ley que cancelaba los espacios para fumadores en las empresas por lo que esta última, había condicionado una pérgola para los que tenían ese vicio. Maipú era la comuna, una fábrica de envases el lugar.  Cerca de las 09:00 AM llega un personaje a al punto de reunión que resultó ser la pérgola de fumadores, el personaje vestía impecable.  Formal, ropa de marca, de punta en blanco.  No era cualquier personaje, venía de Planvital.

Saca de su maletín de cuero artesanal una montonera de papeles, entre ellas una orden de traspaso irrevocable, un documento informando de las comisiones, otro que aseguraba no existía ningún tipo de pago asociado y lo que más llamó la atención fue el lápiz.  El lápiz según cuenta un trabajador “incentivado” por una AFP (que quiso identificarse como Gabriel) tenía una especie de seguimiento electrónico. Todo lo que el escribía podía ser rastreado, es decir, un computador te dibujaba los movimientos seguidos por el bolígrafo y te mostraba en pantalla todo lo que se había escrito con él.

Llegó la hora de las firmas y huella, una por cada papel.  Gabriel tenía claro que podía cambiarse de AFP cuantas veces quisiera pero un trato de caballeros lo impedía.  Firmados todos los papeles Gabriel se retiraba como un flamante afiliado a Planvital, un pétalo desmaquillador para limpiar su dedo, las copias que le dejó el vendedor y un sobre con $ 40.000 que es el incentivo recibido por haberse cambiado de AFP.

No todos recibían lo mismo.  Gabriel era un “tope imponible”, una de las personas que en ese minuto alcanzaban rentas superiores al $ 1.000.000 mensual.

El vendedor de Planvital le relató la situación:

“El tema es simple, si ganas más de $ 500.000 te pago el 4% de tu sueldo bruto por cambiarte conmigo siendo el tope imponible lo máximo… 40 lucas. Obviamente como yo hay más y en todas las AFP, por lo que el trato es permanecer conmigo 6 meses y luego vendrá una tipa de Provida a hacer lo mismo contigo, ahí te cambias no más, pasan 6 meses más y vuelvo yo y el ciclo se repite, en todos los casos recibes tu plata a los 6 meses, si te cambias antes de los 6 meses, obviamente no me conviene por lo que el trato se cancela y debes devolverme la plata”

Evidente, ya que el vendedor hacía una “inversión” con Gabriel u otro “incentivado”

El vendedor le pagaba $ 40.000 por llevárse a Gabriel, a Planvital. El vendedor por otra parte, recibía a fin de mes $ 80.000 por Gabriel y pasado los 6 meses un “premio” de parte de la AFP por la “permanencia o fidelidad” del afiliado, equivalente a los mismos $ 80.000.

A partir del mes 7, el vendedor no veía un peso más por Gabriel, por lo que tanto a él, como a la gran masa de vendedores les importaba un pepino que la AFP siguiera recibiendo el dinero de Gabriel. Por lo que el sistema de “traspasos” operaba de nuevo, en este caso, enviando un agente de Provida.

Los vendedores como el anterior, llevaban bastante tiempo en la AFP. Si bien $ 40.000 puede sonar una cifra no onerosa, resultaba poco atractivo y viable para la AFP, cambiar a una sola persona por lo que cambiaban muchas más.   Como promedio un iniciado en el negocio de la AFP debía comenzar su “emprendimiento” con $ 1.000.000 para “invertir”, con eso le alcanzaba para traspasar a 25 personas del tipo “tope imponible”.

Una vez llegado fin de mes, se reflejara en su liquidación de renta la atractiva cifra de $ 2.000.000, pero el tema no acababa ahí.

Situémonos en el mes 6, cuando los primeros “fieles” cambiados de AFP cumplieron el trato de 6 meses.

La liquidación de renta de los vendedores traería:

$ 2.000.000 por los eventuales 25 traspasos (de los cuales $1.000.000 iba a ser re invertido)

Y el premio por la permanencia de los 25 personas del mes 1 = $ 2.000.000 más.

A partir de ahí, ya era atractivo trabajar en una AFP… por que comenzaba la danza de tres millones mensuales que tendía al infinito, hasta que los vendedores se aburrieran o los desvincularan, lo que ocurriera primero.  Casas, cambios de auto una vez cada dos años, joyas, por lo general no se escondían ninguno de sus logros.

PAGOS POR INCORPORACIONES

Si bien hoy está de moda el concepto NO + AFP, hubo un minuto en donde a la gran masa le daba lo mismo, es más, hasta existían algunas mediáticas que eran de la preferencia de la voz popular. Cuprum y Bansander, el por qué es un misterio.

Cada vez que Lourdes (vendedora de ING-SANTA MARÍA) lograba captar un potencial cliente, éste le consultaba: ¿Y a qué AFP me vas a cambiar?, a lo que Lourdes contestaba: ING SANTA MARÍA. Y el cliente con un dejo de arrepentimiento le indicaba: “Ehmmm… ok, yo te ubico, mira, estoy esperando la llamada de un tipo de Bansander, si no me llama te contacto, bueno?

Situaciones como esa eran recurrentes relata Lourdes, hasta que ocurrió lo impensado.  Se cita a reunión a la fuerza de ventas de ING SANTA MARÍA y se les informa que ING acababa de adquirir Bansander AFP, por lo que la vida de varios cambió para bien, para muy bien.

Ahora cada vez que Lourdes recibía el dato de alguien que quería cambiarse lo llamaba indicando que era de Bansander, cuando se hacía la transacción por lo general en un café de Providencia, nadie se arrepentía de la explicación de Lourdes “ING, compró Bansander” y comenzaba el ciclo similar a los de Planvital, pero en este caso de ING.

Fue en ese contexto donde Lourdes conoció a Eugenia, encargada de personal de una conocida marca de bolsos presente en todo Chile y que quería cambiarse a Bansander hace rato.  Se juntaron en el café de Providencia, se pagó el incentivo y siguió la conversación, donde Eugenia consulta: ¿No te sirven a ti las incorporaciones?

La verdad Lourdes, nunca lo había considerado, desconocía a ciencia cierta incluso, si eso representaba remuneración hacia ella por lo que acudió donde su jefe e hizo la consulta.  Claro, cada incorporación llevaba consigo una comisión de $ 10.000, pero al no llevar premio por permanencia nadie las tomaba en cuenta.  Obvio, para un vendedor tradicional, incorporar a alguien le significaba el mismo tiempo que traspasar un tope que le daba muchos más beneficios, sin embargo Lourdes fue un poco más visionaria y citó nuevamente al café a Eugenia esta vez en horario de salida.

“¿Y cuantos personas nuevas o que nunca han trabajado manejas tú?”, preguntó Lourdes.

“Uff… en época de fin de año, verano y hasta marzo, hablamos de más de 100 al mes”, respondió Eugenia.

Era el tiempo (2006-2007) en que aún los recién afiliados al sistema podían escoger a que AFP se iban.  Incluso podían responder “Me da lo mismo” quedando a criterio del jefe de personal a cuál los enviaba.  De más está decir que la alianza Lourdes – Eugenia fue un éxito, y a todos quienes no les interesaba alguna en particular, fueron a dar a ING.

Lourdes llegó a acumular, un promedio de $ 900.000 mensuales, de noviembre a marzo y sólo por incorporaciones.

LA GÉNESIS

El decreto ley 3.500 fue un descalabro desde su nacimiento.  Fue pensado por y para el capital. En sus primeros años de vida y cuando el chileno no tenía muy clara la película, ni menos cuánto ganaban los vendedores, aplicaba el dicho “por bolitas de dulces”.  Este quizás fue el período más “ético” de los vendedores.

Pamela hoy tiene 57 años según su certificado de nacimiento, 57 años ocultos en algún lugar porque en su cara y cuerpo definitivamente no están.  En 1983, Pamela representaba a Summa, tenía 23 años.  Pamela logró su casa, un departamento en Viña del Mar, dos autos, y levantar inicialmente el bufete de abogados de su marido, gracias a su sueldo en la AFP.

Pamela cuenta que en aquellos años sí que era literalmente “grito y plata”.

“Imagina la misma renta que ahora, los mismos premios que ahora, los mismos beneficios, bonos, aguinaldos pero sin pagarle un peso a la gente y que todos por

O BLI GA CIÓN, deban cambiarse”

Evidente, un sistema de ahorro forzado al que si o si debías irte, era muy buen negocio para quien te lo “vendía”, casi como cobrar por que otro trabaje.

“Entonces nos íbamos con la Su (Susana, su eterna compañera de portafolio), las dos con minis, las dos con blusas ajustadísimas, las dos con tacos, a las construcciones.  Nos tiraban el churro, nos hacíamos las lindas en la puerta y nos dejaban entrar, hacíamos de 100 a 120 traspasos diarios, y relajás cachai?”

Cuenta Pamela que los únicos incentivos que dio, fueron lápices, libretas y caramelos de Summa.  A finales de los 80 regaló uno que otro arbolito nativo que era parte de una campaña de la AFP, pero nada más que eso. Pamela, con años de circo comenzó a sentir el inicio del fin a términos de los 80, cuando un jefe de obra le preguntó: ¿Y qué me vas a dar a cambio, un refri, una cocina? y levantando las cejas repetidamente finiquita con una sonrisa y “¿O me vas a dar… otra cosa”?

Pamela le contesta: “No, yo no trabajo así”

A lo que el jefe de obra le indica: “Ok, entonces no me cambio contigo, otra persona me da un refrigerador, y te agradecería se apuren que los viejos están muy alborotados”

Pamela comprendió que los tiempos del vendedor “ético”, ya habían acabado y como ya tenía dos casas, dos vehículos y el negocio de su esposo iba viento en popa, decide negociar su salida de Summa con poco más de 31 años.  En la noche de ese día y en la cena en su casa le preguntó a su esposo: ¿“Amor, aún buscan quien les conteste el teléfono en el bufete”?  Y con 31 años y dos hijos, Pamela se convirtió en la flamante asistente de su esposo y hasta hoy no se arrepiente de NUNCA haber pagado ni monetaria, ni sexualmente un cambio de AFP.